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Mi nombre es Elend. Winter. En realidad no, pero prefiero que me conozcáis por ese nombre.
Sí, Elend.
Escribo bastante, a veces para plasmar esas ideas que explotan en mi cabeza como fuegos artificiales;
a veces para simplemente saciar al papel en blanco, y darle vida, forma, y color. Me encantan las galletas. Por eso espero que me dejéis bastantes :) (comentarios)

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Y díjole que quería seso,
más no vigor ni fortaleza.


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Beirut.
domingo, 24 de octubre de 2010 16:08
 'Un poco de música no dañará nuestros oídos,
los arroparán hasta quedar dormidos, y dormidos...'

Esta vez actualizo con un poco de música.
Más concretamente, sobre uno de mis grupos favoritos: Beirut.

 Parte del video 'Elephant Gun'.

Beirut es un grupo musical estadounidense, de un estilo no muy común. Llamado, según wikipedia, 'World Music', junto con el Folk que conocemos.
Este grupo lo conocí de casualidad, de pura casualidad. Lo encontré, y, por decirlo de alguna manera, me 'enamoré' de la música. Recuerdo que fue 'Elephant Gun' el primer video musical que escuché y vi de ellos, fue del que me enamoré.

Sus canciones combinan esencias de músicas tradicionales de muchísimos países como México, o Francia, Europa central, y muchos más. Los mezcla, y los retuerce hasta hacerlos una música agradable, simple, heterogénea y muy agradable al oído.

Os invito a conocerlos, y a degustarlos. Su página Web.

'Elephant Gun'



 'Nantes' 
 

'Scenic World'

 

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Biografías a partir de una imagen (I)
miércoles, 29 de septiembre de 2010 12:14


Eredith Landreoutt nació en el año 1813, en Estrasburgo, al nordeste de Francia. Nació en una pequeña casa a las afueras de la ciudad, junto a un molino y un río. Su padre cultivaba una viña y poseía una bodega repleta de los más exquisitos vinos.
Eredith solía bajar a jugar, por lo que su pelo acababa con un fuerte olor a vino dulce, o a veces, a vino fuerte. La madre de Eredith, era ama de casa y luchadora frente a la defensa de sus ideales. Cuando iba al molino, Eredith le acompañaba; cuánto le gustaba aquel molino.

Eredith era alegre, aunque pocas veces mostraba su sonrisa a la gente. Sus mejillas se llenaban de un rubor rosa mosqueta que escondían sus más tímidas sonrisas haciéndolas las más dulces en ella.
Lo que más le gustaba a Eredith, sin duda era meter las manos en el caramelo derretido. Le gustaba cómo esa sustancia viscosa acariciaba sus dedos, y se apegaba a ella como si la necesitase. También disfrutaba yendo al río, sumergiendo sus pies en el agua, mientras intentaba pescar pez alguno. Nunca consiguió nada, pero eso a ella no le importó. Le gustaba aquello, y en eso ella no podía ganar, ni perder nada.
Poseía infinita curiosidad por el café, ansiaba probarlo y degustar su sabor. Juró que algún día, lo probaría.

Cuando cumplió la edad de 18 años, sus padres murieron en un incendio, y  su pequeña casa, el molino, y el río cercano no fueron vistos ni habitados jamás por Eredith de nuevo.
Eredith fue adoptada por una familia adinerada, a la que no le gustaban ni los molinos, ni los ríos, ni mojar los dedos en el caramelo derretido o en el agua. A ella no le gustaba aquella casa. Lo que sí disfrutaba era el café. ¡Qué exquisito sabor había perdido su paladar durante tanto tiempo! Le gustaba mezclarlo con todo: con flores, con especias, con esencias, con otros cafés...hacía mejunjes extraños que era sabores nuevos y totalmente desconocidos para ella. Aquellos sabores la internaban en un mundo nuevo, en el que existía el olor a caramelo en el aire y el olor de los más dulces vinos en los más pequeños ríos.

Los dueños de aquella gran casa en la que vivía, habían decidido con qué hombre tendría que casarse Eredith. Aunque ese hombre no hacía palpitar el corazón de Eredith, ni la hacía imaginar su voz susurrándole palabras de amor al oído. En frente de donde vivía, allí, en lo más profundo de una pequeña tienda, siempre había unos ojos observándola. A veces Eredith respondía a esos ojos, y era entonces cuando éstos se avergonzaban y dirigían su mirada hacia otro lugar. El dueño de aquellos ojos era un joven que ayudaba en la tienda. Aquella tienda era muy especial para Eredith. Vendía cafés, todo tipo de cafés. Cafés del note, cafés del sur, cafés de los más frondosos territorios y los más frescos parajes. Siempre se escapa un rato de sus obligaciones, para observar los diferentes tipos de cafés que había. Aunque en realidad, iba a la tienda por aquel joven dueño de los ojos que la observaban.
Nunca habló con él, más no necesitaban las palabras. Aquellos ojos la hacían suspirar haciendo que su corazón se estremeciera y el tan dulce rubor de ella apareciera en sus mejillas.

Aquel hombre ancho de hombros y de rostro serio no hacía que ella se ruborizara ni nada parecido. Ella deseaba que nunca llegara el día en el que debía casarse con aquel hombre. Ella quería atrapar el tiempo entre sus manos, y seguir degustando cada uno de los miles de cafés que aquel joven reservaba, sólo para ella.
Pero por desgracia, eso sólo ocurrían en las novelas más fantasiosas que ella leía, en las que se sumergía e inventaba un mundo a partir de ellas. A veces deseaba poder poseer la magia, y hacer que el mundo se llenara de un olor a café, vino y a caramelo. Que cada nube estuviera estampada por los ojos de aquel joven, y que las flores más pequeñas crecieran gracias al efímero rubor de sus mejillas.

Durante los ocho años en los que estuvo casada por aquel hombre, no tuvo ningún hijo, pese a los esfuerzos de aquella familia de poseer descendencia. A ella no le importaba en absoluto aquello; sólo quería seguir atrapada en aquel ambiente y seguir tomando sus mismos mejunjes de café de siempre.

Eredith, sin embargo, no vivió mucho más.
El 28 de Junio de 1840, justo a las 18:15 de la tarde, en el aire se podía percibir un olor nuevo; uno a canela quemada, y...a [i]caramelo[/i]. En ese justo momento, el mundo entero que Eredith había creado en sus pensamientos, sabía que nunca más disfrutaría el aliento del vino, ni el del caramelo, ni siquiera el leve rubor de sus mejillas. En ese justo momento, Eredith murió.

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Volviendo a la infancia.
jueves, 19 de agosto de 2010 15:32
Pues hoy me dio por ver "Aladín", que ya ni me acordaba de cuando la vi de pequeña (si es que la vi...), y me ha recordado mucho a cuando era pequeña y me gustaban las películas de Disney, cuando eran buenas, y las historias tenían sólo lo necesario para complacer a un chiquillo. La magia. Y no hablo de la magia literalmente.

Todo esto me ha hecho pensar, que Disney se ha vuelvo una porquería. Antes las películas que hacía eran emotivas, de príncipes y princesas, de un malo atolondrado, que siempre perdía, de un final feliz...en fin, las historias de toda la vida. Ahora sólo son estúpidos musicales que han perdido todo el entusiasmo y dibujos que carecen de la emoción, las canciones pegadizas, los típicos finales y la magia de las películas como "Hércules", "Pocahontas", o "Aladín".

Auunque, la verdad, mi película de dibujos favorita no era una de Disney cuando era pequeña. Sino de Fox. No era muy conocida, al menos no más que las de Disney, pero a mí, me gustó mucho más que cualquiera de ellas. Es Anastasia.


Sí, esta también tenía una ¿princesa? y un...¿príncipe...? Bueno, o algo parecido, el caso es que se querían, y había un malo (RASPUTIIIIIN), y por supuesto, todo termina perfecto. Bueno, ¿y qué os creíais si no lo que yo veía de pequeña? Una lucha encarnizada llena de sangre y sudor en lágrimas llena de muertes creo que no, desde luego. Así que en el fondo todos vimos las mismas películas de la misma estructura. Entonces, ¿por qué me gustaba más esta? Puueees, nosé, me gustaba.

La historia cuenta la vida de Annia (en realidad llamada Anastasia), una chica que no recuerda nada de su pasado desde los 8 años. Ella quiere recordar, pero la única pista que tiene que le trae una sensación de nostalgia es un colgante, aunque tampoco recuerda quién se lo regaló ni nada sobre él.

Sola, aún así, fuerte, viaja sola hasta encontrarse con Dimitri, un joven que la engaña diciéndole que es Anastasia (él no la conoce como ese nombre, sólo la conoce por el nombre de Annia), la nieta de la emperatriz de Rusia que desapareció de pequeña y por cuya dan una enorme recompensa. Dimitri se interesa por ella ya que se parecen, y decide llevarla en su viaje, haciéndola creer que ella es la verdadera Anastasia, para ganar el dinero de la recompensa. Por cierto, se me olvidó, en su viaje también le acompaña Vladimir, un simpático personaje amigo de Dimitri :D

Así, viajan los tres hasta Francia, donde sorpresivamente descubren que Annia es la verdadera Anastasia, la nieta de la emperatriz que desapareció hace 10 años. Por supuesto, hay un malo, y ese es Rasputín, un brujo que quiere acabar con la familia de los Romanov (la familia de Annia). Por eso, hace 10 años atacó en palacio a la familia, pretendía llevarse a Anastasia, pero no lo consiguió y ésta pudo escapar. Antes de que ella desapareciera, su abuela, le regaló el colgante que lleva, cuyo tiene una inscripción de una promesa que hicieron de que se reunirían en París. Y con todas las dudas resueltas, ya solo queda el malo, Rasputín, que quiere acabar a toda costa con Anastasia al enterarse que aún vive. Todo esto junto, con aventuras llenas de su toque de humor, con el romance que surge entre Dimitri y Annia, y los carismáticos personajes, (hasta Rasputín xD) hacen una película que me gustó, me sigue gustando y que disfruté como una niña pequeña (cosa que es cierta...).

También había canciones, como en todas las películas. A mí me gustaban bastantes, la verdad, era una OST muy buena. Pero las que más destacaría serían: "Una vez en Diciembre", "En la noche fatal" (la de Rasputíin xDD) y la que postearé ahora, que me encanta y la tengo ya contagiada, "Tú sabrás hacerlo".


btw, ¿Dimitri no os recuerda a Jim Hawkins del Planeta del Tesoro? A mí sí.

Si no habéis visto la película, os la recomiendo, aunque sea infantil, es genial :3
Y si sí la habéis visto, pues la veis de nuevo para recordad xD

Eso es todo, hasta otra :3

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La ley de Murphy.
martes, 29 de junio de 2010 17:04
Sí, sí, lo sé, lo sé.

Hace siglos, desde que no inventaron la electricidad, o los ositos de gominola que no comento, pero bueno, "mejor tarde que nunca", ¿verdad?

Ya sabéis, exámenes, poco tiempo, poca gana, y demás excusas pobres que os podría dar hasta llenar toda la entrada de infinitas palabras y no hablar absolutamente sobre nada más.

Bueno.


Hoy os traigo una interesante ideología de un tipo, que, para variar, no me parece un prepotente que se quería ganar a todas las mozas de su pueblo con una inteligentísima frase, o al menos, así en su coraza, que podría explicar todos los sucesos de la vida cotidiana, pero no los hace. Ninguna lo hace, ni siquiera esta de la que hago honor esta entrada.

Resulta que un tipo llamado no se qué Murphy Jr., allá por el año 1949, frustado por la increíble y majestuosa capacidad de Dios de jugar con el mundo que creó, harto de él; formuló una maravilla que explica todos los males de la vida como la vemos, ahora, y antes, y seguramente, física y psicológicamente posible, después.

«Si algo puede salir mal, saldrá mal.»

Preciosa, ¿verdad? Hagamos un experimento. Pongamos en una tostada mantequilla. Os puedo asegurar, que la tostada caerá siempre hacia el lado de la mantequilla, para pringosearte todo el suelo, y hacer que des 12 pasos hacia el cuarto de baño a por una fregona o a la cocina a por una servilleta para limpiar "la gracia de Dios".

Vale, es un medio ejemplo ya que por razones metafísicas y blablabla, cae siempre la mantequilla hacia abajo, pero, ¿habéis mirado a vuestro alrededor? Seguro que alguna vez habéis llegado a ver la televisión justo a la hora que acaba  vuestro programa favorito, o habéis roto un vaso/plato/objeto que ser pueda romper simplemente por tocarlo. O habéis recorrido toda la frondosa selva que hay en vuestro armario, en busca de un simple objeto del tamaño del dedo meñique, que no encontráis hasta que lo dejáis de buscar. ¿Acaso no es genial que se rompan las galletas de Tosta Rica cuando abres el paquete? Si un amigo querido se va de viaje muy lejos, créeme: te enamorarás de él el último día en el que os separéis. Y lo mejor de todo: cuando vuela, volveréis a ser amigos sin ni siquiera haber empezado "algo".

Sí, es así. No da explicación a todos los fenómenos creados por aquel que está allí arriba, pero sí a la mayoría que nos ocurren siempre a nosotros.

Bueno, es algo pesimista, pero ante todo, realista. Lo bueno es sólo fortuna. O puede que lo malo también. Ciertamente, no hay que tomárselo tan en serio. En sólo una burla a la vida, para hacerla más cómica y relajarse más.

Por eso me gusta, le planta cara a los problemas, y en esa cara pone: "¿Y qué?".  Pues lo dicho: “Si crees que las cosas están mal, no te preocupes, estarán peor”.

Os deseo una genial mala suerte a todos ;)

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Alergias y resfriados primaverales.
domingo, 23 de mayo de 2010 12:38


Estoy resfriada. Es un verdadero asco. No hago más que moquear, estornudar, gastar pañuelos, llenar la papelera de  un cúmulo de éstos llenos de mocos pringosos.


Ayer comí 25 naranjas. Y sólo tenía un agujero de la nariz tapado, (solo moqueaba por uno) era bastante incómodo para respirar, pero menos asqueroso. Hoy comí 14, y me da la sensación que estoy peor, porque tengo los ojos llorosos y tengo ambos taponados.
Tengo que estudiar para los trimestrales, ( y no lo he hecho aún), no he salido en todo el fin de semana de casa y lo peor: no quedan nísperos.

Si tan sólo tuviera dos o 3, o 5 nísperos que me acompañasen... Ellos curarían mis peores males.

Parece que este día se ha hecho menos corto con 5 cajas de pañuelos marca Consumer Eroski, con la vista pegada al ordenador con las gafas sucias y oyendo toda la tarde esta canción.

Les Jours Tristes

Who cares what cowards think, anyway
They will understand one day, one day...

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jueves, 20 de mayo de 2010 15:27
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Estación del momento.
sábado, 15 de mayo de 2010 14:07
Verano. Odio el verano. Muchos lo adoran, pero yo, sinceramente, lo detesto. Sí, hace calorcito, ese que agradecemos, aunque en exceso lo aborrecemos. Pero a mí lo que me gusta del verano no es el sol, ni mucho menos.

Sin duda alguna, si quisiera rescatar algo del verano, sería los nísperos.



 Sí, me encanta esa fruta que se asemeja a la forma de un feto mal parido de color extravagante y muy a menudo, lleno de moratones que parecen haber sido la evidencia a un maltrato. Como de 14 a 20 cada día. Su sabor no es ni muy dulce, ni muy ácido. La textura de la piel y la facilidad de desgarrar de la carne ésta, la hace una fruta totalmente fácil de pelar y comer. Los huesos, gordos y rellenos, te avisan de que se acabó la carne. No sé cuántas veces de pequeña probé a enterrar los huesos de nísperos en las plantas de mi casa para ver si crecían, pero fueron muchas.

Pero bueno, por desgracia esta fruta solo es asequible en esta época del año por lo que he de aprovechar y comerlas hasta que la estación próxima se las lleve.

Y bien, y es que en esta época, se sufre más que se disfruta (al menos para mí) pero con mis nísperos, ya soy feliz. ¿Qué sería el verano sin el calor aberrante día tras día, sin esos bichitos que te llenan de picaduras, sin las camas desnudas a la falta de sábanas, sin el andar por casa sin calcetinas, y cómo no, sin mis queridos nísperos?

Pero eso sí, sigo odiando el verano.

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